CONFERENCIA SOBRE LA NOVELA “RECUERDA MUNDO” DE VIRGINIA FERRER.

17 Ago

Dr. Guillem Vallejo (Escritor, Poeta y Profesor de Literatura)
Zaragoza, 17 Agosto 2008

Recuerda Mundo es una novela que desde su mismo título plantea, a través del apóstrofe o invocación dirigido al planeta, la necesidad de volver a la esencia de la naturaleza, para salvar y regenerar nuestra maltratada tierra. Su autora, Virginia Ferrer, parte de un eje argumental sencillo, dos investigadores, Penélope e Ismael, trabajan para salvar las aguas del Río Mundo y su nacimiento subterráneo, el acuífero del Calar del Mundo. El espacio de Castilla la Mancha, de Albacete y de Riopar Viejo, permite que la labor de la protagonista, Penny, pueda compararse con la de la sabia Oliva Sabuco, quien vivió en esos mismos parajes, convirtiéndose, según la biografía ficcionada que la autora nos aporta, en defensora de la naturaleza y de la condición humana. La recuperación de esta figura histórica va adquiriendo cada vez mayor protagonismo a medida que la novela avanza y se convierte en símbolo de una actitud científica que tenga en cuenta a la naturaleza y parta de unos principios éticos. Oliva Sabuco representa pues unos valores necesarios para salvar el mundo: la cultura de la paz, la conciencia ecológica… La incorporación novelesca de esta sabia renacentista se lleva a cabo tanto por la correspondencia geográfica, como por uno de los motivos recurrentes en esta novela, y es el de la literatura dentro de la literatura o en este caso la novela que se mira en el espejo y va siendo una invitación a otras nuevas lecturas. De Oliva Sabuco el narrador omniscente puede llevarnos al erasmismo, al humanismo renacentista, y a la idea de microcosmos y macrocosmos. En lo pequeño se halla también lo grande, en el Río Mundo, asistimos a uno de los grandes peligros que amenazan a este mundo globalizado, la contaminación, y por tanto, que lo que hacemos a una parte del planeta, está afectando directa o indirectamente a su conjunto.
El título en sí mismo es uno de los primeros hallazgos de esta novela, porque da importancia a la memoria. La memoria histórica, en donde las injusticias recorren los siglos, la Inquisición, que perseguía cualquier signos de paganismo, de politeísmo, de brujería. La batalla del Ebro, hecho histórico, en el que se cruzan las vivencias, y las secuelas traumáticas, de varias generaciones.

Y otras memorias que sirven de apoyo a la caracterización de los personajes, y que alimentan los distintos cauces temáticos, la memoria literaria que supone, desde los epígrafes de cada capítulo hasta las digresiones e intertextualidades de la novela, una exaltación de escritores y escritoras con una abundancia de estas últimas, pensadoras, luchadoras en definitiva, como lo es la propia protagonista. La lista es larga y supone una invitación a crecer a través de la palabra memorable: Simone de Beavouir, Virginia Wolf, Sor Juana Inés de la Cruz, María Zambrano, Rosa Montero, así como otros escritores que fueron perseguidos por sus ideas o encarcelados por ellas, como San Juan de la Cruz o el propio Oscar Wilde, etc…

Otra de las memorias que enfatiza la novela es “la memoria del agua”, entendida ésta como los símbolos, los mitemas y los mitos que convergen en cuanto al binomio agua-vida, o el fluir-amar que desemboca al final de la novela en el AGUAMOR, cuyo significado, para no desentrañar el argumento, prefiero no desvelar. Así si la Odisea de Homero podía ser calificada como el viaje de ULISES, Recuerda Mundo es la travesía de autoconocimiento de una Penélope moderna, a quien, “como nos dirá la autora, le llega tarde el amor”, y que, en lugar de tejer y destejer sudarios, hilvana el hilo de la madeja de la ciencia, y va acompañada siempre no de un aedo, sino de su “diario de campo”. Penny, la Penélope moderna, como Ulises, siente “nostalgia”, etimológicamente hablando, es decir, dolor por el regreso, por el pasado, al que vuelve una y otra vez, para entender y hacer soportable, vivible, y asumible su presente.

No estamos ya ante la actitud paciente de la amada-fiel, sino ante la mujer que busca la verdad por encima de todo, y esa actitud de búsqueda, de indagación, se hará presente en la novela, en todos los niveles, en la labor científica de la protagonista (no está dispuesta a investigar a ciegas, bajo los intereses de los especuladores); en la búsqueda de sus orígenes, como otra Edipo, que quiere saber, indagar la culpa de sus antepasados y cómo ésta está afectando a su propia vida. A pesar de ser una Penélope del siglo XX, ella tiene una visión panteísta, lo que la acerca más a la naturaleza, a la sabia Oliva Sabuco, entendiendo de este modo el lado sagrado que hay en ella. Pero no es sólo Penny huella de mito, es, como la novela misma, un personaje poliédrico, suma de arquetipos literarios y de experiencias vitales, cuya fusión, aporta al personaje una gran autenticidad. Como el autodidacta de la Nausea de Sartre que leía los libros por orden alfabético, Penny de niña tiene pasión por el lenguaje, por jugar con las palabras, y era capaz de memorizar, de atesorar palabras que empezaran por una misma letra. Este curioso hecho jugará un papel clave en el desenlace de la obra. La memoria de la que nos habla la novela debe mucho pues a la fusión de literaturas, de culturas y de mitos. Hallamos, por ejemplo, secuencias que nos remiten a mitemas clásicos cuyo sentido es unir pasado y presente por el valor atemporal de determinadas acciones. La novela nos habla, por ejemplo, de las enfermedades del alma, que se contagian, como las del cuerpo, en personajes, como Penny o Clara, ésta última, abogada ciega, pierde la vista externa para ganar en cambio en visión interior, en inteligencia, la de Atenea, la de la diosa de la sabiduría. Clara, como Tiresias, es capaz de ver dónde se agazapa el mal y como otra Antígona se atreverá a luchar contra el poder para descubrir la verdad. La novela así actualiza consciente o inconscientemente antiguos mitos, desde los propios títulos de los capítulos: La genealogía del daño o La peste del desconocimiento, que podrían ser subtítulos contemporáneos para la tragedia de Edipo. Las pestes actuales, sin embargo, no vienen, ni en la novela, ni en la realidad, traídas por Esfinges, sino que son el resultado de los actos de los mismos hombres. Baste echar un vistazo a la prensa para tener abundantes ejemplos.

La peste, como señala, la autora, es “la codicia, la velocidad, el éxito”, palabra esta última que antiguamente significaba precisamente “muerte”. Algunos personajes, no decimos cuáles, tienen en su forma de moverse, de actuar, las marcas de esa peste, y no podrán escapar a sus consecuencias. Otros como Pedro, médico y guía por la cueva del calar del Mundo, responden a la fusión de un pasado bucólico, idílico, en el que el hombre no estaba escindido aún de la naturaleza, y el mundo de la máquina, el mundo contemporáneo. Es pues Pedro un “pastor cibernético”, como humorísticamente se le definirá en la novela.
Pero vamos a centrarnos aquí en los mitos del agua que aparecen en Recuerda Mundo, y en su relación con uno de los binomios más interesantes de la obra: la palabra y el agua, y el poder curativo y regenerador de ambas: SANUM PER AQUAM, reza uno de los títulos del libro. Ya Píndaro lo había dicho en su poesía: “Lo mejor, el agua”, adelantándose al preciado oro azul de nuestra época. Ella busca los subterráneos, los acuíferos para sobrevivir, para resurgir vivificada. En la novela va tomando variadas formas a partir de metáforas míticas, según la realidad que representa. Los títulos de algunos capítulos se adelantan a través de ellas al argumento: “RÍO DE BESOS”, “POZO AMARGO”, e incluso nosotros mismos, seres de agua, somos sin amor, leo textualmente; “peces extraviados en un estanque seco que se retuercen con ojos extraviados”. La sentencia que sigue a estas líneas es lamentablemente actual: “La naturaleza se resiente por falta de cuidado. Porque el amor es como el agua, si fluye la tierra reverdece, la vida revienta, e incluso a veces se desquita de las carencias acumuladas” (p.225). Si el amor fluye, la vida crece alrededor. El mito de Afrodita, la Venus que la misma Penny siente ser en algún momento, nace de los genitales de Cronos al tocar el mar. El ciclo de las estaciones procede tb del amor, de su presencia o de su falta. El mito de la madre Tierra, Demeter y su hija Perséfone lo explica perfectamente. Lo interesante aquí no es la mención de los mitos, sino su perfecta actualización en el discurrir de la novela.

Dichas divinidades representan valores atemporales, llamadas urgentes a nuestros orígenes para salvar lo que queda de nuestra naturaleza. En este sentido, el Río Mundo, se vuelve río-dios-Peneo (padre de Dafne) y suelta la rabia que el mito de Dafne no contemplaba, ante la persecución a la que su hija había estado sometida por el Dios Apolo. Todo ello como mitema de una las secuencias de la novela. Una Penélope, pues, que es Penny, que se afirma como mujer, en lugar de ser objecto de descanso del guerrero, un río que se levanta contra los dioses injustos, una forma, en definitiva de vivificar los mitos, y de ponernos en alerta ante los abusos a los que se somete a la sufriente naturaleza.
Y cuando el agua, el amor, la vida, no puede fluir, entonces se estanca, se siente encarcelada, enloquece como enloquece la madre de Bernarda Alba en la tragedia de Lorca, como enloquece Tita, en Como agua para chocolate, como la abuela Lilith de Recuerda Mundo, “la abuela argentina loca que se encerró en un manicomio porque ya no soportaba el mundo y los dolores que le provocaba”. Penny se identifica con Azucena, la nieta que se compadece por todos, que sabe que ella es en definitiva también una parte de todos los que sufren. Poéticamente se nos describe esta compasión, este sentir con los otros en las primeras páginas de la novela: ” …llora con los árboles que se queman. Sus rubias trenzas la ahorcan cuando a hombres distintos matan. Su boca cosida y callada por la censura de la escuela. Sus manos inertes no aguantan la maquinación tecnológica. Sus ojos sin vista perecen frente a las catástrofes antrópicas. (…) Y Azucena sólo sabe que no sabe quién es ella.” (Pág. 25) Y en esta cárcel del no amor, en este juego de intertextualidades de la novela en las que un personaje parafrasea a Sócrates, Virginia Ferrer incluye en diversas ocasiones a los marginados, a los encarcelados o asesinados por sus creencias, por su visión del mundo, distinta a la del sistema. Desde la cárcel, en De Profundis, O.Wilde decía, nos los recuerda la novela:“el verdadero loco es el que no se conoce a sí mismo”.

La famosa máxima del gnozi seauton de los siete sabios, epígrafe de uno de los capítulos, es piedra angular de toda la novela, y responde al proceso de autoconocimiento de algunos/as de sus protagonistas, de su autenticidad. La palabra, la “eutrapelia”, como definía Oliva Sabuco, a la capacidad de fluir en la palabra sanadora, para comprender los errores del pasado histórico y/ o de nuestro proceso personal. Como el agua, nuestra salvación está en fluir, en amar. Las palabras de Goethe, y la mención explícita al Fausto, no sólo responden a la salvación por el agua, donde concluía la obra del genio alemán, sino a la necesidad de verla a ella como parte nuestra, nosotros que somos seres principalmente de agua, que damos vida, y crecemos al fluir, al compartir, y que el egoísmo, la parálisis, puede suponer el fin de la tierra, del agua, y del propio amor.

Guillem Vallejo

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